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title: "Los personajes de un país posible."
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description: "Un Chile unido que transforma sus recursos en conocimiento, fortalece La Araucanía y proyecta Magallanes hacia el futuro. La Revolución del Sentido Común"
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date_published: "2026-06-26T11:26:00-04:00"
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  - "Gobierno Central"
  - "La Araucanía"
  - "Plaza Baquedano"
author_name: "Christian Slater E."
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# Los personajes de un país posible.

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*`Monumento al General Baquedano con paisaje simbólico de Chile`*

### *A casi dos años de una ficción política*

Señor Director:

El 8 de octubre de 2024 publiqué en mi blog *El Deber Ser* un cuento político titulado [*La Revolución del Sentido Común*](https://eldeberserporchrislater.blogspot.com/2024/10/la-revolucion-del-sentido-comun-en.html?m=1). Era una ucronía: una historia construida desde una posibilidad que no ocurrió, al imaginar qué habría sucedido si Chile hubiese tomado otro rumbo después de la elección presidencial de 2021.

Al final del relato lo advertí expresamente: era una ficción, “**la historia de lo que pudo haber sido**”. No era un programa de gobierno ni una predicción. Pero tampoco fue una simple suma de escenas y personajes imaginarios. Cada uno de ellos representaba una idea de país, una necesidad concreta y una tarea que Chile podría asumir con otros nombres, otros protagonistas y mejores instrumentos.

Por eso vuelvo hoy a ese texto. No para hacer una lista de aciertos ni para afirmar que la realidad deba copiar una ficción. Algunas situaciones nunca ocurrirán como fueron narradas. Otras pertenecen a la literatura y allí deben permanecer. Sin embargo, las preguntas que aquellos personajes encarnaban siguen vigentes.

Diego, el ministro con dedicación exclusiva para**La Araucanía**, representaba la necesidad de una conducción política permanente, territorial y de alto nivel para una región que no puede seguir siendo tratada solo como un problema policial, electoral o comunicacional. **La Araucanía necesita seguridad**, pero también desarrollo, conectividad, empleo, formación para los jóvenes, inversión, respeto cultural y diálogo serio entre comunidades. No se trata necesariamente de crear un ministerio con ese nombre, sino de asumir que esa región requiere una política de Estado, con continuidad y presencia real.

Valentina, la embajadora de Chile en Japón, representaba una idea todavía más amplia. No era solo una diplomática vinculada al hidrógeno verde y a Magallanes. Encarnaba la necesidad de que Chile deje de mirar sus recursos naturales, su territorio y sus capacidades industriales como una simple fuente de extracción y exportación, y los convierta en la base de un proyecto nacional de conocimiento, tecnología, innovación y desarrollo con mayor valor agregado.

Magallanes expresa bien esa posibilidad. Sus vientos, su posición geográfica y el desarrollo del hidrógeno verde pueden convertirla en una puerta de Chile hacia el mundo, no solo en una región desde la cual salen recursos. Lo mismo ocurre con la minería. **El cobre** ha sostenido parte importante de nuestra riqueza, pero el desafío no puede limitarse a extraer más toneladas. Chile debe preguntarse cuánta tecnología, manufactura avanzada, innovación y empleo calificado puede generar a partir de sus recursos.

Esa discusión tampoco se agota en el **cobre y el litio**. Las tierras raras y otros minerales críticos serán cada vez más relevantes para la electromovilidad, las baterías, las energías renovables, la electrónica, las comunicaciones, la medicina, la inteligencia artificial y la defensa. El proyecto de tierras raras de Aclara en Penco, recientemente autorizado tras una extensa tramitación ambiental, representa precisamente esa nueva realidad. La pregunta es si seguiremos exportando recursos para importar luego los productos fabricados con ellos o si seremos capaces de participar en una parte mayor de esas cadenas de valor.

La botadura del **buque multipropósito *Magallanes***, construido por ASMAR, ofrece otra señal concreta. Chile posee capacidades para diseñar, construir, integrar sistemas y conducir proyectos industriales complejos. ASMAR, FAMAE y ENAER no solo cumplen una misión esencial para la defensa: también representan conocimiento, infraestructura, planificación, orden y disciplina técnica que pueden proyectarse hacia la innovación, la formación especializada y el desarrollo nacional.

Eso representa Valentina: una diplomacia al servicio de un país que no se conforma con vender su cobre, sus minerales, sus vientos o sus mares, sino que busca transformar esa riqueza en tecnología, industria, trabajo especializado y futuro.

Pedro, el joven soldado, representaba una idea distinta, pero igualmente decisiva. No fue creado para defender una mejora marginal del Servicio Militar actual, un aumento de remuneraciones o la repetición de cursos básicos de oficios. Representaba una visión disruptiva: un Servicio Militar Extendido de cuatro años, moderno, exigente y adaptado al mundo que viene.

No se trataría de mantener más tiempo a un joven bajo uniforme. Se trataría de ofrecer una trayectoria formativa real, capaz de responder a lo que muchos jóvenes esperan, a lo que las instituciones necesitan y a lo que la sociedad exige. Disciplina, liderazgo, trabajo en equipo y responsabilidad ciudadana deberían convivir con ciberseguridad, inteligencia artificial aplicada, sistemas no tripulados, comunicaciones seguras, logística avanzada, protección de infraestructura crítica, energía, análisis de información y respuesta ante catástrofes.

La idea de Pedro no es aumentar por aumentar el número de soldados ni prolongar las lógicas del pasado. Es formar una generación de jóvenes que, tras cuatro años de preparación moderna, exigente y certificada, puedan adoptar y dominar tecnologías, conocimientos y capacidades indispensables para Chile en las próximas décadas. Un Servicio Militar Extendido podría convertirse así en una gran vía de preparación, movilidad, servicio y futuro para la juventud chilena.

Javier, el inmigrante, representaba otra necesidad actual: una migración que combine orden e integración. Chile tiene derecho a proteger sus fronteras y exigir el cumplimiento de sus leyes. Al mismo tiempo, debe ser capaz de reconocer a quienes llegan de buena fe, se regularizan, trabajan, respetan las normas y desean aportar al país. Orden e integración no se contradicen; solo pueden sostenerse juntos cuando existe responsabilidad de quienes reciben y de quienes llegan.

Carmen, la artista y ministra de Cultura, expresaba la necesidad de un país capaz de reencontrarse con sus raíces criollas, sus pueblos originarios, sus tradiciones regionales y su memoria histórica, sin convertir esa diversidad en una fuente permanente de enfrentamiento. Esa idea adquiere especial sentido al cumplirse cincuenta años de *Los Viejos Estandartes* como himno oficial del Ejército. Conversar recientemente en *Voces de Mando* con Guillermo “Willy” Bascuñán, compositor de su música, recordó algo simple, pero profundo: los himnos, las canciones y los símbolos transmiten memoria, afecto e identidad entre generaciones.

Mauricio, integrante de una unidad conjunta de despliegue rápido, encarnaba otra necesidad conocida por Chile. Las Fuerzas Armadas deben estar preparadas para cumplir su misión esencial de defensa, pero también para poner sus capacidades humanas, logísticas y técnicas al servicio de la población frente a terremotos, incendios, inundaciones, temporales y otras emergencias. Esa vocación de servicio forma parte importante de nuestro patrimonio nacional.

El capítulo más simbólico del cuento era la ceremonia cívico-militar en torno al monumento restaurado al general Manuel Baquedano. Allí escribí que ese acto no debía ser “un evento impuesto desde el poder”, sino una instancia que contara con “el soporte y la aprobación de toda la ciudadanía”.

Esa idea sigue siendo esencial. Una vez concluidos los trabajos de recuperación del plinto y restaurado integralmente el conjunto monumental, podría organizarse una ceremonia cívico-militar de encuentro nacional en torno al mes de la Patria y las Glorias del Ejército. No como una revancha ni como una demostración de fuerza, sino como un acto de respeto por la historia, las instituciones y los símbolos de Chile.

En el cuento original, los alcaldes de todo Chile participaban en la preparación de aquella ceremonia, porque la reconciliación no podía ser una decisión tomada exclusivamente desde el **Gobierno Central**. Esa idea conserva plena vigencia. En particular, los alcaldes de Providencia y Santiago, Jaime Bellolio y Mario Desbordes, debieran tener una participación preponderante por la gravitación de sus comunas en el entorno de Plaza Baquedano.

Su papel no tendría que ser meramente protocolar. Junto a autoridades nacionales, vecinos, comerciantes, colegios, universidades, organizaciones sociales y representantes culturales, podrían contribuir a que esa instancia no sea una fotografía oficial, sino una recuperación ciudadana de un espacio que pertenece a todos.

Esa iniciativa tampoco tendría que limitarse a Santiago. Durante septiembre podrían realizarse ceremonias cívico-militares en distintas ciudades del país, vinculadas a la historia, los héroes, las tradiciones y los símbolos propios de cada región. Idealmente, debieran incorporar a los colegios antes de las vacaciones de septiembre, para acercar la historia a niños y jóvenes y fortalecer el vínculo entre generaciones.

No todos los personajes de ***La Revolución del Sentido Común***llegarán a existir y no todas sus escenas deben hacerse realidad. Algunas pertenecen a la literatura y allí deben permanecer. Pero las necesidades que representan son reales: La Araucanía requiere una política integral; Magallanes puede abrir una puerta estratégica hacia el futuro; Chile debe transformar sus recursos en conocimiento y tecnología; los jóvenes necesitan una formación moderna y desafiante; la migración exige orden e integración; y nuestras instituciones deben mantener viva su vocación de servicio.

Quizás esa sea la utilidad más profunda de una ficción política: no decirnos lo que inevitablemente ocurrirá, sino obligarnos a pensar en el país que todavía podemos construir.

**Christian Slater E.**  
*Un ciudadano al servicio de Chile.*

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