Trump reafirma que Groenlandia es vital para EE.UU. pero no para Dinamarca y debe estar bajo control estadounidense

En la cumbre de la OTAN en Ankara, Donald Trump insistió en que Groenlandia debe estar controlada por Estados Unidos y no por Dinamarca. Analizamos sus declaraciones sobre seguridad nacional, amenazas de China y Rusia, y las reacciones de Copenhague.
América del Norte08 de julio de 2026Diego ArenasDiego Arenas
Donald Trump  / Pool
Donald Trump / Pool

En medio de la cumbre de la OTAN que se celebra estos días en Ankara, Turquía, el presidente Donald Trump ha vuelto a colocar sobre la mesa uno de sus temas favoritos: el futuro de Groenlandia. “Groenlandia no ayuda a Dinamarca. Dinamarca no gasta dinero para ayudar realmente a Groenlandia, pero es una parte importante para Estados Unidos”, declaró ante los periodistas. Y remató: “Debería estar controlada por Estados Unidos, no por Dinamarca”.

Las palabras del mandatario estadounidense retoman un debate que ya protagonizó durante su primer mandato y que ha resurgido con fuerza en los últimos meses. Trump argumenta que la enorme isla ártica resulta estratégica para la seguridad nacional de su país, especialmente ante la presencia de buques chinos y rusos en sus aguas. “Está rodeada de barcos chinos y rusos, y eso no va a ocurrir”, advirtió.

El contexto estratégico de un territorio enorme y remoto

Groenlandia, territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca, cubre más de dos millones de kilómetros cuadrados, la mayor parte cubiertos de hielo. Su posición geográfica la convierte en un enclave clave para el control del Ártico, una región cada vez más disputada por el cambio climático, las rutas marítimas emergentes y los recursos naturales. Estados Unidos ya mantiene presencia militar allí desde hace décadas, pero Trump busca un control mucho mayor.

Durante la reunión con el presidente turco Recep Tayyip Erdogan y otros líderes, Trump insistió en que Dinamarca no invierte lo suficiente en el desarrollo ni en la defensa de la isla. Según su visión, Washington sí puede garantizar su protección frente a posibles amenazas de potencias rivales. El mensaje se alinea con su enfoque transaccional de las alianzas: los aliados deben contribuir más o ceder en lo que él considera intereses vitales de Estados Unidos.

Reacciones desde Copenhague y Nuuk

Las autoridades danesas y groenlandesas han respondido con firmeza en ocasiones anteriores. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha reiterado que Groenlandia “no está en venta” y que Dinamarca defenderá cada centímetro de su territorio soberano como miembro de la OTAN. El primer ministro groenlandés, Jens-Frederik Nielsen, ha sido aún más claro: ante la disyuntiva entre Dinamarca y Estados Unidos, los groenlandeses eligen Dinamarca. “No queremos ser estadounidenses”, han señalado representantes de todos los partidos en el Parlamento de la isla.

La idea de una compra o anexión ha generado rechazo unánime en la región. Groenlandia, con unos 57.000 habitantes, valora su autonomía y mantiene discusiones internas sobre su futuro político, pero las presiones externas han pausado temporalmente esos debates internos. Funcionarios groenlandeses han advertido que cualquier intento de cambio de soberanía sin su consentimiento sería inaceptable.

Un interés que viene de lejos

Trump ya intentó comprar Groenlandia en 2019, durante su primer mandato, lo que provocó sorpresa y rechazo en Dinamarca. Ahora, en su segundo periodo, el tema ha ganado intensidad por la percepción de amenazas en el Ártico. Washington ve en la isla un baluarte contra la expansión rusa y china, que han aumentado su actividad militar y científica en la zona. Trump ha mencionado en el pasado que Dinamarca no podría defenderla si Moscú o Pekín decidieran actuar.

Expertos en geopolítica ártica coinciden en que Groenlandia tiene un valor militar y económico creciente: minerales raros, hidrocarburos potenciales y rutas marítimas que se abren con el deshielo. Sin embargo, cualquier cambio en su estatus requeriría negociaciones complejas que involucran no solo a Dinamarca y Estados Unidos, sino también a la propia población groenlandesa y al marco de la OTAN.

Implicaciones para la Alianza Atlántica

Las declaraciones de Trump en Ankara han coincidido con discusiones sobre gasto en defensa y cohesión aliada. Algunos observadores ven en ellas una forma de presionar a Dinamarca y al resto de Europa para que aumenten sus contribuciones a la OTAN. Otros temen que reaviven tensiones transatlánticas en un momento en que la Alianza busca proyectar unidad ante desafíos globales.

Por el momento, no hay indicios de que Washington esté avanzando en medidas concretas más allá de las palabras. Trump ha alternado en el pasado entre propuestas de compra, amenazas veladas y llamados a negociaciones. Dinamarca, por su parte, mantiene que Groenlandia forma parte indivisible del Reino y que su soberanía no está en discusión.

El Ártico se ha convertido en uno de los nuevos escenarios de competencia estratégica global. Cómo se resuelva el pulso sobre Groenlandia podría marcar el tono de las relaciones entre Estados Unidos y sus aliados europeos en los próximos años. Mientras tanto, los habitantes de la isla continúan navegando entre su aspiración de mayor autonomía y la realidad de un territorio codiciado por grandes potencias.

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