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Hoy: octubre 22, 2026
El Niño pone en riesgo alimentario a 16 millones de personas en América Latina

El Niño pone en riesgo alimentario a 16 millones de personas en América Latina

Dieciséis millones de personas en América Latina enfrentarían un deterioro de su acceso a alimentos por la sequía asociada al fenómeno El Niño. La directora regional del Programa Mundial de Alimentos para Latinoamérica y el Caribe, Lena Savelli, lo advirtió el 6 de septiembre de 2026. El episodio se fortalece en estos meses, apunta a un pico entre septiembre y diciembre y deja efectos agrícolas hasta 2027.

Contexto y desglose del hecho principal

Savelli fijó el umbral regional: 16 millones de personas “probablemente van a sufrir inseguridad alimentaria como consecuencia del impacto de El Niño”. El cálculo no describe un hambre ya consumada en toda la región. Describe un deterioro probable de la disponibilidad y del acceso a alimentos en zonas donde la lluvia de 2026 ya llegó tarde, irregular o insuficiente.

El fenómeno eleva la temperatura de la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental. Ese calentamiento altera vientos, presión y lluvias. En el istmo y en el norte de Sudamérica el patrón típico es déficit hídrico y calor por encima de lo normal. En el Cono Sur, en cambio, suele aumentar la probabilidad de lluvias excesivas. La misma oscilación produce dos mapas distintos.

Honduras mantiene desde agosto cerca del 80 % de su territorio en alerta por sequía. El Salvador y Panamá declararon emergencias para enfrentar el mismo episodio. El Corredor Seco Centroamericano —franja que atraviesa zonas de Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua— concentra la exposición agrícola más crítica. Allí la Primera ya mostró fallos. La Postrera entra ahora en su ventana de mayor riesgo.

La Organización Meteorológica Mundial actualizó el 3 de septiembre que El Niño está firmemente establecido y que se intensificará hasta una categoría muy fuerte antes de fin de año. El organismo estima una probabilidad cercana al 100 % de que las condiciones persistan hasta febrero de 2027. Los impactos climáticos, advirtió, no se agotan con el pico oceánico.

Análisis de datos y cifras clave

El contraste temporal es el dato que más pesa. América Latina y el Caribe había recortado el hambre durante varios años consecutivos. El informe conjunto de la FAO y organismos asociados sobre el estado regional 2025 situó la subalimentación en 32 millones de personas, con una prevalencia del 4,8 % en 2025, por debajo del 6,1 % de 2020. La inseguridad alimentaria moderada o grave alcanzó al 22,9 % de la población, unos 153 millones de personas, según el mismo recuento publicado en el Panorama regional de la seguridad alimentaria y la nutrición 2025.

Ese descenso no elimina la base de vulnerabilidad. Un análisis sanitario de la Organización Panamericana de la Salud para el ciclo 2026-2027 recuerda que más de 33 millones de personas padecen hambre, 167 millones enfrentan inseguridad alimentaria y 181,9 millones no pueden costear una dieta saludable. El Niño no parte de cero. Se monta sobre esa estructura.

El Programa Mundial de Alimentos proyectó en agosto que, en 45 países ya vulnerables, las personas en inseguridad alimentaria aguda pasarían de 225 millones a 274 millones hacia fines de 2027: un alza del 22 %. De ese incremento global, al menos 49 millones se atribuyen al fortalecimiento de El Niño. América Latina y el Caribe aparece entre las regiones con el salto más pronunciado. Centroamérica registra el mayor aumento proporcional de todas las zonas analizadas: 83,1 %.

  • 16 millones de personas en riesgo de deterioro alimentario en América Latina y el Caribe por El Niño.
  • 83,1 % de aumento proporcional proyectado en Centroamérica, el más alto entre las regiones evaluadas.
  • 22 % de incremento global de la inseguridad alimentaria aguda en 45 países (de 225 a 274 millones).
  • 80 % del territorio hondureño en alerta por sequía desde agosto de 2026.
  • 11,5 millones de habitantes en el Corredor Seco; la mitad depende de agricultura de subsistencia.
  • 33 millones de dólares pedidos para proteger a 1,1 millones de personas en la región; brecha de 27,9 millones.

La comparación con episodios previos cambia la escala. En 2015-2016, El Niño dejó unos 3,5 millones de personas en inseguridad alimentaria en el Corredor Seco y pérdidas de cosecha de hasta 70 % en Haití. El ciclo 2023-2024 ya había recortado agua y rendimientos en varios países del istmo. El episodio de 2026 llega, por tanto, sobre suelos, reservas y deudas rurales que no se recompusieron del todo.

La asimetría interna de la región también cuenta. Argentina, el sur de Brasil y Uruguay pueden recibir lluvias por encima de lo normal, con alivio relativo para soja, maíz o pasturas. Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua, Haití, el norte de Colombia y Venezuela enfrentan el escenario inverso: menos lluvia, más calor y menor demanda de jornal agrícola. Un mismo océano no produce un mismo plato.

Impacto a nivel institucional o gubernamental

Los gobiernos del istmo ya movieron el tablero de emergencias. Honduras colocó 234 de 298 municipios bajo alerta. Tegucigalpa quedó entre las demarcaciones de mayor riesgo hídrico. El Ejecutivo anunció perforación de pozos, reservorios y entrega de alimentos, y advirtió que la crisis puede extenderse hasta marzo o abril de 2027. El Salvador activó su propia declaratoria. Panamá hizo lo propio para asegurar abastecimiento y respuesta sectorial.

La acción anticipatoria regional, sin embargo, sigue desfinanciada. La FAO y el PMA lanzaron en junio un llamamiento conjunto por 202 millones de dólares para proteger a 8,8 millones de personas en 22 países entre junio de 2026 y marzo de 2027. América Latina y el Caribe necesita 33 millones de dólares para cubrir a 1,1 millones de personas. La brecha declarada llega a 27,9 millones, según el llamamiento FAO-PMA de acción anticipatoria 2026-2027.

Esa brecha tiene traducción operativa. Semillas tolerantes a sequía, micro riego, transferencias monetarias, sanidad animal y almacenamiento de agua llegan tarde cuando el grano ya falló. El PMA asiste en la región desde abril con raciones y apoyo a productores. Savelli reconoció que las necesidades superan los recursos disponibles. Los ministerios de Agricultura y las oficinas de gestión de riesgo quedan, entonces, entre la declaratoria política y un presupuesto humanitario incompleto.

Perspectiva técnica y reacciones de expertos

El diagnóstico oceánico sostiene la alerta terrestre. El Centro de Predicción Climática de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos mantiene vigente el aviso de El Niño. En su discusión de agosto indicó una probabilidad superior al 90 % de un evento muy fuerte en el otoño e invierno boreales 2026-2027 y un 69 % de probabilidad de un episodio histórico, por encima de los registros desde 1950, de acuerdo con la discusión diagnóstica del ENSO de agosto de 2026.

La OMM coincidió en la trayectoria. El boletín del 3 de septiembre describe un Pacífico tropical excepcionalmente cálido, persistencia casi total hasta febrero de 2027 y un patrón clásico de respuesta atmosférica para septiembre-noviembre: más calor en casi todas las tierras emergidas y lluvias redistribuidas. El detalle técnico está en el comunicado de la Organización Meteorológica Mundial del 3 de septiembre de 2026.

Lena Savelli, directora regional del PMA para Latinoamérica y el Caribe
«En esta región hablamos de 16 millones de personas que probablemente van a sufrir inseguridad alimentaria como consecuencia del impacto de El Niño. Es una situación bastante preocupante. Puede ser uno de los fenómenos de El Niño más fuertes de la historia reciente.»

La Red de Sistemas de Alerta Temprana contra la Hambruna proyecta resultados de Crisis (Fase 3 de la Clasificación Integrada de Fases) en las zonas más expuestas del Corredor Seco, así como en La Guajira y Chocó, en Colombia. Allí se combinan déficit de lluvia, precios altos de insumos, menor jornal y, en algunos enclaves, inseguridad. La cosecha de 2026, estima esa red, traerá alivio limitado. No alcanza para revertir el desgaste acumulado de reservas y medios de vida.

El mecanismo es agrícola antes que mediático. Maíz y frijol de temporal entran en floración y llenado de grano con humedad de suelo ya negativa. El calor acelera la evapotranspiración. El productor de subsistencia reduce área, vende animales o migra. El mercado local responde con menos oferta y más dependencia de compra. Cuando el ingreso rural cae al mismo tiempo que el precio del grano se sostiene alto, la ración familiar se achica sin necesidad de una hambruna generalizada.

Lo que revelan los documentos oficiales

Los papeles técnicos coinciden en tres puntos. Primero, el evento no es una sorpresa de septiembre: los avisos de transición se emitieron desde junio. Segundo, el daño se desplaza en el tiempo. El pico oceánico de finales de 2026 golpea la Postrera y condiciona siembras y pasturas de 2027. Tercero, la malnutrición infantil, la escasez de agua y las enfermedades asociadas al calor y al almacenamiento precario acompañan al déficit de calorías.

El análisis de situación de salud pública para las Américas 2026-2027 advierte que la sequía puede recortar diversidad de la dieta y elevar la desnutrición aguda y crónica en menores de cinco años, mujeres gestantes, pueblos indígenas y hogares rurales. El mismo documento recuerda que El Niño 2023-2024 ya dejó pérdidas agrícolas y menor disponibilidad hídrica. La repetición en un intervalo corto reduce la capacidad de recuperación de la parcela familiar.

Llamamiento conjunto FAO-PMA, junio 2026-marzo 2027
«En América Latina y el Caribe se prevén impactos asociados a sequías, déficits de lluvias, afectaciones agrícolas, escasez de agua y daños a los medios de vida. El Corredor Seco centroamericano se encuentra entre las zonas de mayor preocupación.»

Los calendarios de cultivo del Sistema Mundial de Información y Alerta de la FAO precisan el solapamiento peligroso: sequedad prevista de junio a noviembre en Guatemala, El Salvador, Honduras y Nicaragua, justo en floración y llenado del maíz principal y durante casi toda la temporada del frijol. No es un pronóstico genérico de “mal clima”. Es una ventana fenológica concreta.

Proyección a corto y mediano plazo

Octubre a diciembre de 2026 concentra la prueba de fuerza del episodio. Si el índice Niño 3.4 se sostiene en rango muy fuerte, la Postrera del istmo operará con menor margen de recuperación hídrica. Las reservas familiares que se agotaron antes de tiempo en 2025 y 2026 no se repondrán con una sola cosecha irregular. El primer trimestre de 2027 hereda, entonces, precios tensos, jornal débil y mayor presión sobre programas de transferencia y ayuda alimentaria.

Sudamérica no queda fuera del tablero. Lluvias excesivas en el sur pueden cortar caminos rurales, retrasar trillas y encarecer fletes, aun si el rendimiento de algunos granos mejora. En el Caribe y en Haití, el déficit hídrico se suma a restricciones de insumos y a una base de inseguridad ya elevada. La región puede ver, en paralelo, silos vacíos en el Corredor Seco y muelles congestionados en el Río de la Plata.

La acción anticipatoria todavía tiene semanas útiles, no meses ilimitados. Cada dólar no desembolsado en semillas, agua o efectivo se convierte después en ración de emergencia, más cara y más tardía. Los ministerios ya emitieron alertas. Los océanos ya dieron la señal. ¿Cuánto de la mejora alimentaria lograda entre 2020 y 2025 está dispuesta la región a perder por un Pacífico que aún no llega a su máximo térmico?

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