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FOTO:CANCILLERÍA DE CHILE
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Pérez Mackenna niega presiones de Washington y fija el límite de la diplomacia chilena

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El canciller Francisco Pérez Mackenna afirmó este domingo que no ha recibido presiones de Estados Unidos para alterar la política comercial de Chile. Lo hizo a días de viajar a la Asamblea General de Naciones Unidas y a dos semanas de la interpelación fijada para el 28 de septiembre. El ministro separó aranceles, seguridad hemisférica y el estilo del embajador Brandon Judd.

Contexto y desglose del hecho principal

Llegó al cargo en marzo. Encadena ahora tres frentes simultáneos. La Cámara de Diputados lo citó para responder trece materias. El arancel adicional de 12,5% rige desde el 24 de julio sobre una parte de la canasta que Chile envía a Estados Unidos. El embajador Judd insistió en opinar sobre política interna.

Pérez Mackenna respondió con una fórmula corta. Dijo que la Cancillería es pragmática. Añadió que defiende soberanía e intereses permanentes. Rechazó el diagnóstico de que su gestión solo mira comercio. Recordó que su primer viaje fue a la Antártica y que la seguridad figura como primer eje de la cartera.

El cruce con Judd no es episódico. El ministro reconoció que, en varias ocasiones, le ha pedido abstenerse de intervenir en asuntos internos. “A Chile se le respeta”, sentenció. El diplomático estadounidense, en paralelo, anunció que mantendrá un estilo distinto al de sus predecesores y que usará todos los recursos que considere necesarios.

La agenda bilateral arrastra otra capa. En julio, el canciller se reunió en Washington con el secretario de Estado, Marco Rubio, y con el representante comercial Jamieson Greer. Allí se habló de minerales críticos, inversión y crimen organizado. El comunicado oficial de Cancillería describió a Estados Unidos como aliado estratégico y segundo socio comercial, con un intercambio de 34.332 millones de dólares y un stock de inversión de 29.455 millones.

Ese mismo mes Washington impuso, bajo la Sección 301 de la Ley de Comercio de 1974, una sobretasa a 60 economías. Chile quedó en el tramo de 12,5%. Cobre, litio y otras materias primas estratégicas quedaron al margen. Salmón, vino, fruta fresca y maderas quedaron dentro. La negociación para recortar esa lista sigue abierta y el Ejecutivo espera señales hacia fines de septiembre.

Análisis de datos y cifras clave

La tensión no se entiende sin la geometría comercial de 2025 y 2026. China concentró cerca de un tercio del intercambio chileno de bienes. Estados Unidos ocupó el segundo lugar, con alrededor del 17% del comercio total. Esa doble dependencia define el margen real de La Moneda.

Los registros de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, construidos con series del Banco Central, muestran que entre enero y julio de 2026 las exportaciones a Estados Unidos sumaron 11.778 millones de dólares, el 16,7% de los embarques. En servicios, ese mercado absorbió cerca del 30% de la oferta chilena. El cobre refinado chileno cubrió el 68% de las importaciones estadounidenses de ese metal en el promedio reciente.

El Tratado de Libre Comercio bilateral, vigente desde el 1 de enero de 2004, había dejado el 100% del comercio de mercancías sin arancel desde 2015. La sobretasa de 2026 no deroga ese acuerdo. Lo superpone. Cambia el precio de acceso de un bloque de productos que, según estimaciones técnicas cruzadas con la canasta 2025, equivale al 40,3% del valor exportado a ese destino. Otro 53,5% quedó exento.

  • Intercambio Chile-Estados Unidos en 2025: del orden de 34.000 millones de dólares, segundo socio detrás de China.
  • Exportaciones chilenas a Estados Unidos entre enero y julio de 2026: 11.778 millones de dólares (16,7% del total).
  • Stock de inversión estadounidense en Chile: 29.455 millones de dólares.
  • Porción de la canasta a Estados Unidos afecta al 12,5%: 40,3%; tramo exento: 53,5%.
  • Crecimiento del intercambio total de bienes de Chile en 2025: 11,0%, hasta 203.334 millones de dólares.

La comparación regional agrava el contraste. Perú formalizó en septiembre su ingreso al Escudo de las Américas. Argentina figura entre los firmantes originales de marzo. Chile apareció en declaraciones conjuntas posteriores, pero el canciller insiste en que la adhesión plena “se evaluará en su mérito”. Santiago no replica el alineamiento automático de sus vecinos.

Otra diferencia temporal importa. En 2003, el año previo al tratado, el comercio bilateral era una fracción de la cifra actual. Dos décadas después, Estados Unidos es el primer mercado de servicios, el primer destino de alimentos y el segundo inversionista. Perder predictibilidad arancelaria en ese mercado no es un ajuste marginal. Golpea sectores con empleo territorial concentrado: salmonicultura, fruta de contratemporada y madera.

Impacto a nivel institucional o gubernamental

La Cámara de Diputados aprobó la interpelación el 8 de septiembre por 57 votos a favor, 49 en contra y una abstención. El cuestionario mezcla Estrecho de Magallanes, relación con Argentina, aranceles, dichos de Judd, Escudo de las Américas y el retiro del respaldo a Michelle Bachelet para la Secretaría General de Naciones Unidas.

Pérez Mackenna convertirá esa sesión en vitrina de gestión. Ya compareció once veces ante el Congreso desde que asumió. Anticipó, sin embargo, que resguardará “la confidencialidad propia del cargo” cuando el dato toque seguridad nacional. El calendario lo aprieta: Asamblea General en Nueva York, regreso a Santiago e interpelación el 28.

Dentro del gabinete también hay roce de competencias. El ministro de Defensa, Fernando Barros, se adelantó a comunicar la derogación de un decreto argentino sobre el Estrecho de Magallanes. El canciller respondió que las relaciones exteriores las define el Presidente y las ejecuta la Cancillería “ciento por ciento”. El episodio exhibe un Ejecutivo que aún ordena vocerías en materias de frontera.

Hacia el norte, la diplomacia consular con Venezuela se reabrió en cuatro meses. Con Bolivia hay acercamientos y el Compromiso de Santiago agrupa a Perú, Bolivia, Argentina y Ecuador contra el crimen organizado transnacional. Esa red vecinal convive con la invitación estadounidense a coordinar seguridad hemisférica. El Gobierno pretende no convertir una en condición de la otra.

Perspectiva técnica y reacciones de expertos

La doctrina que Pérez Mackenna intenta instalar es de no alineamiento selectivo. “Somos aliados de Estados Unidos y de China. Ambos son fundamentales”, dijo. En otra formulación evitó los prefijos ideológicos: ni anti-China ni anti-Estados Unidos, “somos pro-Chile”. El problema técnico es que Washington y Pekín miden esa frase con reglas distintas.

Francisco Pérez Mackenna, ministro de Relaciones Exteriores
«No he sentido presión de Estados Unidos para que modifiquemos nuestra política de comercio exterior. Esta es una Cancillería pragmática, enfocada en la defensa de la soberanía y de los intereses de Chile.»

El argumento comercial tiene base. Estados Unidos también comercia con China. Chile no puede sustituir de un año a otro un mercado que concentra más de un tercio de sus exportaciones de bienes. Tampoco puede ignorar que Washington es el principal proveedor de tecnología y el primer destino de servicios. El equilibrio no es retórico. Es aritmético.

La lectura de seguridad apunta a otra dirección. El Escudo de las Américas, lanzado el 7 de marzo en Miami, articula inteligencia y persecución de cárteles bajo liderazgo estadounidense. Kast asistió como presidente electo, sin facultades para firmar. Luego Chile apareció en comunicados conjuntos sobre Bolivia y Colombia. Esa presencia documental no equivale, según el canciller, a una adhesión incondicional.

Judd introdujo un factor de fricción adicional. En el Foro Madrid sostuvo que la llamada “Doctrina Donroe” resultaba fácil de aplicar con la administración Kast. Después vinculó el estallido de 2019 con organizaciones de izquierda y ofreció entregar antecedentes a Cancillería. Pérez Mackenna pidió esa información para remitirla a la Fiscalía. Aceptar datos no implica validar el diagnóstico político del embajador.

Lo que revelan los documentos oficiales

El acta pública de la reunión Rubio-Pérez Mackenna, difundida por la Embajada de Estados Unidos en Santiago, enumera seguridad regional, inmigración ilegal, organizaciones criminales, inversión en minerales críticos e “influencia adversaria” en infraestructura. También menciona la Declaración Pax Silica y la cadena de suministro de inteligencia artificial. El lenguaje es el de una agenda de alineamiento tecnológico, no solo comercial.

Cancillería, en su propia versión del encuentro de julio, subrayó valores compartidos, el programa Choose Chile y la cifra de comercio. Las dos lecturas no se contradicen. Se desplazan. Washington pone el acento en contención estratégica. Santiago pone el acento en inversión y empleo. El desajuste de énfasis explica por qué el canciller necesita repetir que los aranceles “no tienen nada que ver” con las iniciativas de seguridad.

Los informes de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales del primer semestre confirman otra evidencia: el 96% del comercio de bienes viaja bajo acuerdos vigentes. La red de tratados sigue siendo el seguro de inserción. Por eso la sobretasa estadounidense, aplicada a un socio con tratado pleno, genera un precedente más sensible que un arancel contra un mercado sin preferencias.

Quien cruce esas piezas ve un patrón. Hay cooperación escrita en minerales críticos desde abril. Hay enmienda a la carta de control de narcóticos. Hay grupo público-privado para defender exportaciones a Estados Unidos. Y hay, al mismo tiempo, una línea roja declarada: Santiago no aceptará que el alivio arancelario condicione sus tratados con terceros ni la conducción política interna.

Proyección a corto y mediano plazo

Septiembre concentrará la prueba. Naciones Unidas servirá para exhibir multilateralismo. La interpelación del 28 medirá si el Congreso acepta la tesis de la política exterior como política de Estado. Washington, según el Ejecutivo, debería responder sobre excepciones arancelarias hacia fines de mes. Cada tablero emite una señal distinta.

Francisco Pérez Mackenna
«Los aranceles no tienen nada que ver con esto. Presiones de Estados Unidos no hay. Lo que hay es una invitación a participar en un esfuerzo conjunto.»

El riesgo de mediano plazo no es un ultimátum explícito. Es la erosión lenta de la autonomía tarifaria bajo un socio que reescribió su diplomacia en clave de resultados. Si la lista afecta al salmón y a la madera mientras exime al cobre, Chile enfrenta un incentivo perverso: especializarse aún más en commodities estratégicos para conservar acceso, y perder densidad agroindustrial en su segundo mercado.

La trayectoria vecinal tampoco es neutra. Mientras Perú y Argentina profundizan el esquema de seguridad hemisférica, una Chile observadora o semialineada deberá explicar por qué comparte comunicados sin asumir el paquete completo. Esa ambigüedad puede durar meses. No durará todo el período si la Casa Blanca vincula, de hecho aunque no de derecho, preferencias comerciales y arquitectura de seguridad.

Documentos de Cancillería sobre la reunión con Marco Rubio, series de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales, la ficha bilateral de la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos y el comunicado de la Embajada de Estados Unidos en Chile coinciden en un punto: la relación es densa, medible y ahora condicionada por un arancel que el Tratado de Libre Comercio no contemplaba.

¿Cuánto tiempo puede sostener Santiago la equivalencia entre aliado estratégico y primer mercado comercial cuando ambos polos endurecen sus exigencias sobre minerales, seguridad e infraestructura crítica? La respuesta no saldrá de una entrevista dominical. Saldrá de la letra chica que Washington entregue sobre el 12,5% y de lo que el canciller pueda —o no pueda— decir el 28 de septiembre ante la Sala.

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