
Fiscalización en Junaeb expone presunto fraude por 14 mil millones
Irmina Herrera
El despliegue de las auditorías fiscales bajo el Plan de Inspección Total ha destapado una colisión estructural en el Programa de Alimentación Escolar, forzando la intervención simultánea de la Fiscalía Nacional, el Consejo de Defensa del Estado y la Contraloría General de la República ante desembolsos multimillonarios carentes de contraprestación factible el 27 de mayo de 2026.
Presunto fraude de 14 mil millones en JUNAEB: fiscalización revela irregularidades
La reciente ofensiva judicial interpuesta por la jefatura de la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas (Junaeb) representa un hito sin precedentes en la fiscalización corporativa del aparato estatal, evidenciando fallas estructurales crónicas en el control de legalidad de los contratos públicos. Los patrones analizados por nuestra sala de prensa sugieren que los mecanismos de control interno y las resoluciones exentas operaron durante años al margen del examen oportuno de los órganos fiscalizadores externos, facilitando un escenario de vulnerabilidad patrimonial. La regularidad institucional en la asignación de recursos para sectores de alta vulnerabilidad socioeconómica ha enfrentado históricamente una severa fricción debido a la opacidad en las modificaciones contractuales de grandes proveedores. De acuerdo con los registros institucionales analizados, este evento no constituye una anomalía aislada, sino el reflejo de un prolongado letargo en la verificación física de las prestaciones contratadas, cuya fiscalización tardía pone en tela de juicio la gobernanza y la predictibilidad operativa dentro del sistema de compras públicas de la administración chilena.
Detalles del presunto fraude
Los estados financieros y las auditorías de cumplimiento arrojan antecedentes técnicos de extrema gravedad respecto al desarrollo del Programa de Alimentación Escolar en la Región de O'Higgins. Los informes validados revelan que el perjuicio patrimonial estimado supera los 14.000 millones de pesos por concepto de raciones alimenticias y servicios de onces estudiantiles pagados en su totalidad, pero que de acuerdo con la inspección física jamás fueron distribuidos a los alumnos del sistema escolar. El examen de los flujos monetarios determinó que, mediante sucesivos actos administrativos internos que prescindieron del trámite de toma de razón ante el ente contralor, se incrementó de forma desmedida tanto el volumen de raciones asignadas como su costo unitario referencial. Las pesquisas internas documentan que el valor asignado a cada ración bajo sospecha escaló de modo desproporcionado hasta alcanzar un precio de cotización de 8.680 pesos por unidad durante el ejercicio del periodo examinado, una cifra que los operadores del mercado y las jefaturas técnicas actuales califican como carente de justificación financiera real frente a los valores promedio de la industria alimentaria corporativa.
Sustenta la denuncia criminal en los hallazgos del Plan de Inspección Total que revelan el pago de servicios inexistentes, alteración de precios de mercado mediante resoluciones exentas y presunto desvío de fondos hacia el sector privado corporativo.
Argumenta la existencia de licitaciones públicas previas originadas en administraciones precedentes y sostiene que las modificaciones contractuales respondían a la flexibilidad operativa requerida por el sistema de atención escolar.
¿Qué sigue en la investigación?
El núcleo de la controversia técnico-jurídica radica en la conducta funcionaria y en la posterior vinculación de los actores clave con el sector privado. Las indagaciones apuntan directamente a la corporación proveedora Soser S.A., adjudicataria original de las prestaciones en el marco de la licitación pública identificada bajo el registro 18-20, un proceso que originalmente cubría siete regiones geográficas del territorio chileno. La revisión de los estados financieros evidencia que los incrementos presupuestarios fueron visados a través de instrumentos internos específicos coordinados por la jefatura jurídica de la época. Fuentes cercanas al proceso que pidieron estricta reserva confirman que el entonces director jurídico del servicio institucional, una vez culminadas sus funciones en el aparato estatal en el año 2022, pasó a desempeñar altas responsabilidades de gerencia legal corporativa precisamente dentro de la firma proveedora beneficiada por las millonarias ampliaciones contractuales. Este nexo orgánico constituye la base de la sospecha penal que evalúa el Ministerio Público, configurando una línea de investigación que apunta a la presunta comisión de delitos de fraude al fisco, negociación incompatible y cohecho activo.
El origen del conflicto administrativo se sitúa en el periodo correspondiente a la ejecución de las bases de la licitación 18-20, diseñada originalmente para coordinar el abastecimiento alimentario de la población escolar. Posteriormente, durante el transcurso del año 2022, se suscribieron las resoluciones exentas modificatorias que autorizaron la expansión del presupuesto asignado a la empresa proveedora, omitiendo deliberadamente la supervisión de legalidad del órgano contralor de la república. Avanzando en la cronología, a lo largo del año 2023 las onces estudiantiles alcanzaron su facturación máxima registrada de manera injustificada, acumulando los desembolsos bajo cuestionamiento técnico. Meses más tarde, los comités técnicos y los equipos de fiscalización del Consejo de Defensa del Estado y la Contraloría iniciaron el análisis sistemático de los expedientes tras detectar discrepancias de inventario significativas. Finalmente, el presente día del mes de mayo, la jefatura máxima de la institución formalizó el ingreso de la documentación ante las unidades anticorrupción del aparato penal, gatillando las auditorías en cadena sobre otros estamentos del servicio.
La resolución de esta disputa legal plantea interrogantes de hondo calado sobre la predictibilidad jurídica de los contratos de provisión pública en la economía del cono sur. ¿Es capaz el actual andamiaje regulatorio de la administración pública de disuadir la captura corporativa de los presupuestos de bienestar social? La fase actual del debate legislativo y penal deberá determinar si los controles ex post que aplica la Contraloría General de la República resultan suficientes ante esquemas de modificación contractual interna que eluden de manera sistemática la toma de razón previa. Para los directores de empresas y operadores de mercado, el desenlace de esta indagación criminal fijará un estándar definitivo sobre la responsabilidad legal de las personas jurídicas que contratan con el Estado, modificando de forma irreversible las matrices de cumplimiento corporativo y endureciendo los requisitos de transparencia exigidos a los proveedores del aparato fiscal en el mediano plazo.


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