
Tokio admitió este lunes que coordinó con Washington una operación de compra de yenes el viernes pasado para frenar el desplome de la divisa japonesa a mínimos de casi 40 años. La ministra de Finanzas, Satsuki Katayama, advirtió que no dudarán en repetir la medida si la volatilidad excesiva continúa.
La operación conjunta y el impacto inmediato en el mercado
El Ministerio de Finanzas japonés publicó un comunicado en el que detalla que el 31 de julio, hora del este de Estados Unidos, adquirió yenes en coordinación con el Departamento del Tesoro estadounidense. La acción se enmarca en la declaración conjunta de ministros de Finanzas de septiembre de 2025, que permite intervenciones frente a movimientos desordenados y volatilidad excesiva.
Según fuentes de mercado y datos del Banco de Japón, Tokio habría vendido cerca de 59.000 millones de dólares en las primeras operaciones del jueves en Nueva York. El viernes, las autoridades estadounidenses actuaron a través de la Reserva Federal de Nueva York, vendiendo euros para comprar yenes. El tipo de cambio, que había rozado los 164 yenes por dólar a finales de julio —su nivel más bajo desde 1986—, se fortaleció hasta la zona de 157 yenes.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, respaldó la medida en un mensaje público y señaló que Estados Unidos no dudará en participar en nuevas intervenciones conjuntas. El presidente Donald Trump afirmó que Japón necesitaba “un poco de ayuda” y que Washington siempre estará disponible para su aliado.
Contexto de la debilidad prolongada del yen
La depreciación del yen se había acelerado por el diferencial de tipos de interés con Estados Unidos. Mientras la Reserva Federal mantiene una postura relativamente restrictiva, el Banco de Japón ha sido más cauteloso en el ritmo de normalización monetaria. La debilidad de la divisa encarece las importaciones de energía y alimentos, alimenta la inflación doméstica y erosiona el poder adquisitivo de los hogares.
Las autoridades japonesas ya habían intervenido de forma unilateral a finales de abril. Aquella operación no logró revertir la tendencia de fondo. La coordinación con Washington marca un cambio cualitativo: es la primera intervención conjunta desde 2011 —tras el terremoto y tsunami de Tohoku— y la primera compra coordinada de yenes desde 1998, en plena crisis financiera asiática.
Riesgos para los mercados de deuda
Una de las principales preocupaciones de ambos gobiernos es el posible efecto de contagio sobre los bonos del Tesoro estadounidense. Japón posee una de las mayores carteras de deuda soberana de Estados Unidos. Vender esos títulos para financiar compras masivas de yenes podría elevar los rendimientos en el mercado estadounidense y complicar el panorama de tipos.
Por ello, Tokio anunció que planea utilizar el mecanismo de repo de la Reserva Federal para autoridades monetarias extranjeras (FIMA Repo Facility). Este instrumento permite obtener liquidez en dólares usando Treasuries como colateral, sin necesidad de liquidarlos en el mercado abierto.
Señales de coordinación política y monetaria
La vice ministra de Finanzas para Asuntos Internacionales, Atsushi Mimura, había adelantado días antes que el apoyo estadounidense iba “más allá del respaldo moral”. Las autoridades mantuvieron un silencio táctico durante las operaciones, limitándose a reiterar que permanecían en contacto permanente con sus contrapartes de Washington.
El gobernador del Banco de Japón, Kazuo Ueda, había señalado en su última rueda de prensa la posibilidad de alzas de tipos más pronto de lo que el mercado anticipaba. La intervención cambiaria y la política monetaria parecen ahora más alineadas que en episodios anteriores. Katayama enfatizó que responderá “en estrecha coordinación” con las decisiones del banco central.
Límites de la intervención y expectativas de mercado
Las intervenciones cambiarias tienen un historial mixto. Pueden generar un impacto inmediato en el tipo de cambio, pero su efectividad a medio plazo depende de que se modifiquen los fundamentos: el diferencial de tipos, la política fiscal y la confianza en la sostenibilidad de la deuda japonesa. El gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi enfrenta presiones para equilibrar estímulos fiscales con la necesidad de estabilizar la moneda.
Analistas advierten que, si el diferencial de tipos no se reduce de forma significativa, el yen podría volver a debilitarse una vez que se disipe el efecto de la intervención. La amenaza explícita de nuevas operaciones conjuntas busca elevar el coste de las posiciones cortas contra la divisa japonesa.
Implicaciones para los mercados globales
La coordinación entre Tokio y Washington envía una señal clara a los inversores: la volatilidad excesiva en el yen ya no se tolerará con la misma permisividad de meses anteriores. Para los mercados emergentes y las materias primas, un yen más estable puede reducir parte de la presión sobre los flujos de carry trade, que habían impulsado apuestas financiadas en la divisa japonesa.
En el corto plazo, los operadores permanecerán atentos a cualquier nuevo movimiento de las autoridades y a los datos de intervención que publique el Ministerio de Finanzas japonés en las próximas semanas. La confirmación oficial elimina la incertidumbre sobre si la acción fue unilateral o coordinada, pero abre otro debate: cuántas veces más estarán dispuestos ambos gobiernos a intervenir antes de que la política monetaria haga el trabajo pesado.
La operación del viernes no cierra el capítulo de la debilidad del yen. Solo cambia las reglas de juego para quienes apuestan contra él.
























