No es común ver a una autoridad reconocer un error.

Reconocer errores transforma el liderazgo, fomenta confianza y refuerza la ética. Gestos de responsabilidad son claves en tiempos de desconfianza.
Opinión25 de abril de 2026Christian Slater E.Christian Slater E.
José Antonio Kast / Prensa Presidencia
José Antonio Kast / Prensa Presidencia
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El reconocimiento de errores por parte de figuras de autoridad transforma nuestra percepción del liderazgo. No se trata solo del error en sí, que es natural, sino de cómo se gestiona esa equivocación. La reciente declaración de José Antonio Kast, según Emol, es un ejemplo notable de responsabilidad asumida sin evasivas. En un contexto donde la desconfianza prevalece, este gesto de autocorrección es fundamental.

Equivocarse es humano y, en el ámbito público, es parte del rol. Lo crucial es la respuesta: reconocer y corregir. La falta de estas acciones erosiona la confianza más que el hecho en sí. La autoridad no debe aspirar a la infalibilidad, sino a la responsabilidad; esto se manifiesta precisamente en los momentos difíciles.

La historia nos ofrece ejemplos esclarecedores. Tras la Crisis de Bahía de Cochinos, John F. Kennedy asumió la responsabilidad. Análogamente, Winston Churchill entendió que corregir en situaciones de presión mejora la dirección, y Nelson Mandela demostró que la autoevaluación abre puertas a la reconciliación.

Cuando el lenguaje se convierte en una trinchera, la capacidad de comunicación y reconocimiento se pierde. Las palabras son poderosas: pueden acercar o separar. Michel Foucault enfatizó que el discurso no solo describe, sino que también organiza la realidad. Reconocer un error alivia tensiones, permite avanzar y evita quedar atrapados en el pasado.

La justicia en el trato cotidiano es otra faceta del liderazgo que a menudo se pasa por alto. No solo se trata de corregir errores, sino también de reconocer lo que se hace bien de manera constante. Mi hermano solía decir: "hay que ponerlo en vitrina". Este reconocimiento va más allá de brillar un solo día; es para quienes sostienen la organización con su dedicación silenciosa a lo largo del tiempo.

Como mencioné en The Times en Español el 15 de abril, una comunidad crece no solo corrigiendo lo que falla, sino también celebrando lo que funciona. Sin este equilibrio, la ética se vuelve incompleta, respondiendo solo a los errores y no guiando comportamientos.

Cuando se restablece este equilibrio, el reconocimiento tiene un efecto multiplicador que trasciende a quienes lo reciben y mejora el conjunto. En un entorno marcado por la desconfianza, gestos como el de Kast pueden no solucionar todos los problemas, pero ayudan a ordenar y a recordar que el poder legitima cuando se subordina a la ética, no cuando la reemplaza.

Christian Slater E.
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